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En uno de los pocos momentos en que el cese de fuego
dejaba respirar a los soldados constitucionalistas, el
coronel Francisco Alberto Caamaño, hace una inspección
por un puesto de chequeo, durante la revuelta armada de
Abril de 1965.
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Una componenda entre la Agencia Central de Inteligencia
norteamericana (CIA), y los dos principales líderes políticos
dominicanos, con la complicidad y el contubernio de algunas otras
organizaciones políticas, fue la causa de la muerte de Francisco
Alberto Caamaño Deñó el 16 de febrero de 1973, cuando en un gesto
desesperado llegó al terruño que le vio nacer, para iniciar una
guerrilla y derrocar al gobierno de turno del doctor Joaquín
Balaguer.
La afirmación la hace una persona que lo conoció muy de cerca, desde
aquel lejano 1950, en pleno apogeo de la dictadura trujillista,
cuando trataba de enrolarse a un instituto armado, siguiendo los
pasos de su padre, a la sazón secretario de las Fuerzas Armadas, el
general Fausto Caamaño.
Se trata del contralmirante Manuel Ramón Montes Arache, ex
comandante del otrora cuerpo élite de la Marina de Guerra denominado
“Hombres Ranas”, quien fuera compañero de armas del Coronel de Abril
y secretario de las Fuerzas Armadas del gobierno Constitucionalista
en 1965.
Una frase lapidaria, por lo dura y fuerte, resume los sentimientos
del ex jefe de los “hombres ranas”, cuando apostrofa de manera
categórica y con un dejo de lágrimas en los ojos: “No perdono, ni
perdonaré, ¡nunca!, mientras vida tenga a los que participaron en el
asesinato de Francis. Sí. Porque fue un asesinato premeditado”.
Un episodio de nuestra historia más reciente que todavía no ha
podido ser dilucidado con claridad, ya que el comportamiento del
Coronel de Abril siempre se ciñó a los mandatos superiores, aunque
fue muy intempestivo y voluntarioso, refiere Montes Arache.
Acusaciones, recuerdos, remembranzas, anécdotas y por sobre todo una
radiografía del héroe de la Revolución del 65, que muchos podrían
tildar de excesivamente severa, se unen en un mosaico apretado en la
memoria del contralmirante.
Hoy, al cumplirse 31 años de la muerte de Francisco Alberto Caamaño
Deñó, el general se decide a hacer algunas revelaciones, que, por lo
impactantes, aportan de manera significativa al entendimiento de
aquellas y estas generaciones, algunos datos acerca de la figura del
controversial militar que se casara con la gloria desde aquel 27 de
abril de 1965, cuando se puso a la cabeza del grupo de rebeldes para
defender la vuelta a la constitucionalidad y eliminar la política y
la corrupción de los cuerpos castrenses.
Comienzo de una amistad imperecedera
Mucha agua ha corrido desde entonces, y, al parecer, el ideal
primario de Caamaño Deñó no se ha realizado, pues de los dos últimos,
no se ha cumplido ninguno, lo que a juicio de Montes Arache, “es una
pena porque realmente, las cosas han ido de mal en peor con el
correr de los años”.
Montes Arache cuenta: “a Francis –como le decíamos-- lo conozco a
comienzos de la década del 50, cuando nos enteramos que era hijo del
secretario de las Fuerzas Armadas de la época, el general Fausto
Caamaño. Francis había ido a la academia naval a inscribirse como
guardiamarina y en la prueba de mar, parece que no le gustó mucho el
movimiento del mar, y se salió, no hizo su entrada en esa parte
primaria de la Marina”.
De este primer fracaso, Caamaño dirigió sus pasos al Ejército, en
donde duró poco tiempo, tres o cuatro meses, refiere el militar, y
de ahí pasó a la Fuerza Aérea y regresó a la Marina. “En ese ínterin
fue cuando realmente nos conocimos e hicimos el contacto directo
como amigos”. Recuerda que regresó a la Marina de Guerra como
teniente de navío -capitán-, en un período de 7 u 8 meses, mientras
que él -Montes Arache- se mantenía como alférez de navío -primer
teniente-.
De esa época de inicios de la carrera militar, sus amigos más
cercanos eran, “aparte de mí, Julio Alberto Rib Santamaría (Chanquilón),
seibano, que estudió conmigo en San Pedro de Macorís y luego
ingresamos juntos a la Marina de Guerra; Luis Manuel Tolentino Pérez,
Fellito Ignacio, Carlos José Martínez, apodado “El Crooner de Moda”.
Éramos muy pocos”, relata.
La causa de esto, según expresa, es que el carácter de Francis no
era en modo alguno muy agradable. Es más, lo cataloga de “rígido” en
el tratamiento a los demás. No aceptaba discusiones, ni las perdía.
Se ponía hecho un basilisco si lo provocaban. Nosotros sabíamos lo
que era Francis y lo sobrellevábamos. Sin embargo, no deja de
reconocer que en cuanto a sus condiciones humanas. “Te puedo decir
que era muy buen amigo, un tipo de mucho valor personal pero con un
temperamento muy difícil”, por lo que a Montes Arache le extraña el
hecho de que mucho después ha salido una serie de personas que
proclaman su afecto y amistad hacia Caamaño, pero que nunca fueron
vistas en el pequeño círculo de amigos y compañeros de armas del
Comandante de Abril. A esos Montes Arache los califica
despectivamente como “gallaretas”.
Tal parece que estos pronunciamientos le suben la sangre a la cabeza,
pues dice con un tono que no deja lugar a equívocos. “En la vida de
oficiales y subalternos que íbamos para arriba y para abajo con él,
nunca ví a algunos de esos que hoy se abrogan la intimidad con
Francis, jamás, y que salga uno y me lo diga en la cara. Son un
grupo de farsantes”.
De Palma Sola al 24 de Abril
En medio de esta conversación surge, como es de rigor, la
interrogante acerca del cambio operado en el coronel Caamaño Deñó
desde 1962, cuando ocurrió la matanza de Palma Sola, lugar de San
Juan de la Maguana donde se hacía culto a la memoria de Liborio,
donde se produjo el asesinato de cientos de personas –hombres,
mujeres, niños y ancianos- y la conducta asumida en la Revolución de
Abril, y precedentemente, cuando se gestaba el movimiento militar
para derrocar al Triunvirato.
Montes Arache trata de explicar el cambio de comportamiento con una
reflexión. Dice que la vida del hombre está llena de sorpresas, y
agrega que lo de Palma Sola pudo haber sido producto de la
irreflexión, ya que “Francis era irreflexivo en sus acciones, cuando
ocupaba una posición era sumamente irreflexivo. Eso te lo digo con
toda propiedad”.
Cuenta que siendo Caamaño jefe de los llamados “Cascos Blancos” de
la Policía, cargo que ocupaba al momento de ocurrir la masacre, “a
sus subalternos los reprimió duramente, pero fue un elemento que
donde iba cumplía con sus funciones motu propio, y a veces se
excedía tanto que llegó en algunos momentos a despojarse de su rango
militar. Se quitaba el arma del cinto y desafiaba a quien fuera, sin
importar las consecuencias. Era muy impetuoso”.
Declara, no obstante, que al hombre le asiste el derecho de cambiar
su conducta. Pues entre el oficial de policía represivo y el Coronel
de Abril que se puso al lado del pueblo y lo acompañó en el proceso
de guerra civil, la diferencia es abismal. “Pero ese era Francis, y
había que quererlo como era. Esa es la pura y simple realidad”.
Abril de 1965
La participación del entonces coronel Manuel Ramón Montes Arache
al lado de Francisco Alberto Caamaño Deñó en la Revolución de Abril
de 1965, obedeció a la sinceridad del último cuando lo invitó a
unirse a los oficiales que planificaban el derrocamiento del
Triunvirato regido por Donald Reid Cabral, a su llegada de
Washington, ciudad en la que se encontraba recibiendo tratamiento
médico. Esto ocurrió el 14 de abril de 1965, apenas diez días antes
del inicio de la guerra civil que tantas vidas cobrara a la nación
dominicana.
El relato es como sigue. El mismo día de su llegada al país, va
donde Montes un compañero de promoción –Giovanny Gutiérrez-, a quien
no dejó hablar cuando le insinuó lo que se estaba fraguando. Al día
siguiente, Francis Caamaño va a su presencia y le cuestiona sobre lo
que le había dicho el oficial Gutiérrez, y al contestarle Montes
Arache que no lo había dejado hablar, Caamaño le pone al tanto de la
situación.
“Él me explicó que había un grupo de oficiales que se está
organizando porque queremos que el gobierno vuelva a la normalidad.
Le pregunto a qué llamaban ellos normalidad y me responde: la
constitucionalidad vuelva a imperar como es nuestro régimen
democrático. Vuelvo a preguntarle qué buscaba él con eso -y esta vez
le dijo las palabras mágicas que decidieron la entrada del hombre
rana en la confabulación militar- que cese la política en los
cuarteles y la corrupción”.
Montes Arache se queja amargamente de que muchos dominicanos se
cantan loas de que participaron junto a Caamaño en la lucha
constitucionalista, y repite hasta la saciedad que nunca les vio
durante el conflicto armado, ni siquiera en las puertas de sus casas.
“¿Dónde era que estaban?, porque yo no los vi en ningún momento, a
Tony Isa Conde sí lo ví participar, junto al Gallego y tuvieron su
posición y asumieron la revolución, a su manera. Pero a esos que
dicen que andaban con Francis para arriba y para abajo, nunca
los vi”.
La salida forzosa como “diplomáticos” de los principales oficiales
participantes en la contienda civil de 1965, luego de los sucesos
del Matum, 18 y 19 de diciembre de ese mismo año, precipita los
acontecimientos en torno a Francisco Alberto Caamaño Deñó.
Es el 26 de enero de 1966 cuando la alta oficialidad
constitucionalista va al exterior en misión diplomática. Y las
motivaciones que ofrece el Coronel de Abril a Montes Arache, quien
se mostraba reacio a abandonar el país, retrata de cuerpo entero a
este hombre que se agigantó antes y después de su muerte.
“El argumento de Francis que me obligó a deponer mi actitud de
rebeldía y acatar la salida al exterior, fue que me dijo: Montes,
debemos salir porque estamos dando demostraciones de obediencia al
poder civil, esa fue una especie de varita mágica para mí”.
A partir de este momento comienza a tejerse la leyenda alrededor de
este hombre que en un momento dado habría podido terminar con los
liderazgos tradicionales y convertirse en una figura histórica de
gran relieve. Pero esto será tratado en una próxima entrega. |